Jorge había preparado su conferencia en el congreso de oncología para esa mañana, esta noche había dormido poco, en su cabeza iban y venían desordenadas las frases de una exposición que sobre el papel tenía bien planteadas. Sería un punto y seguido en su carrera que seguro le abrirá nuevos caminos, y debido a su importancia cada coma, cada énfasis y cada silencio, habían sido medidos con precisión. Todo bajo control.
El último trago al café antes de salir de casa, recoge la taza y el plato, al acercarse al fregadero se le resbalan de la mano, un movimiento brusco con el brazo e intenta cogerlos al tiempo que se rompen y se corta en un dedo. Sangra en abundancia y se dirige al hospital más cercano. En la sala de espera se sienta junto a una chica que lee absorta una revista, la que sería su mujer, con la que ha tenido dos hijos y que falleció hace un mes.
Anda por la acera, la calle le es familiar, es en la que vivía y jugaba con sus primos todos los días. Lleva un balón bajo el brazo y le acompaña su primo Antonio. Su madre les espera en casa, habrá preparado como cada tarde los tan deseados bocadillos de crema de cacao. Llega a la puerta, está abierta, se asoma y dentro nada le es familiar. Las paredes, la escalera, los vecinos no son los de siempre, todo le resulta ajeno. Sale a la calle y vuelve a ser la calle de siempre, por la que pasean los vecinos de siempre, en la que juegan sus amigos de siempre, que le saludan. Vuelve la mirada a la casa y la fachada es la misma, pero dentro la historia es otra.
Subido a una silla intenta arreglar la persiana, la ventana está abierta, hace calor, intenta desatornillar el tablero, pero el destornillador se resbala y cae por la ventana. Se acabó, o no, porque arrastra el bolígrafo sobre un papel en blanco y va construyendo esta historia, que puede ser una historia paralela, o no.
Juan había jugado su primer partido con la selección nacional, aunque para la prensa estatal era un desconocido, en los medios locales seguían su progresión con sumo interés, todos le felicitaban por su progresión deportiva. Su próximo objetivo participar en las olimpiadas. La concentración previa sería en Canarias, el avión salía esa misma tarde. La despedida en el aeropuerto estuvo acompañada de banderas y gritos de ánimo. Al acercarse al control buscó en su bolso de mano su documentación, la miró atónito, la foto no era la suya, el nombre tampoco, pero le resultaban familiares, como si en algún momento le hubiesen pertenecido.
Para Jorge no hubo conferencia, uno de sus hijos se fue a Perú, en una playa montó un negocio de alquiler de tablas de surf. Se jubiló después de 35 años trabajando de bibliotecario, y se fue a Perú con su hijo, le echaría una mano con el negocio. Ahora, sentado en una silla de playa contempla la violenta batalla que se desata entre el viento, las olas, y la vela tensada por los surfistas que se resuelve en un balanceo suave de la tabla que se desliza sobre el mar. Y su mujer, a su lado.
Juan falleció de sarampión con siete años.