Esta información reavivó en Raquel el interés por las cajas que habían encontrado en el baúl del desván. En la lectura de aquellas cartas seguro que se encontraría inmersa en las historias, anhelos, temores, esperanzas que vivirían sus abuelos y las gentes del pueblo, y no estaba equivocada.
Repasó detenidamente todos los papeles que allí encontró, había en los que aparecían apuntes de los negocios que hacía el tío Roque, la compra y venta de animales, el dinero gastado en alfalfa para los conejos, la venta de canastos de esparto, o de alguna alfombra, compromisos de reserva de compra sobre la leche que producirían las cabras, todo lo tenía perfectamente clasificado por fechas. Conservaba escrituras de propiedad de casas que algunos vecinos abandonaron durante la guerra y le confiaron a él, casas de las que solo quedaba el solar y apenas los restos de lo que pudieron ser sus muros. En algunos de esos solares se habían vuelto a levantar nuevas casas, ajenas a la propiedad original, porque el tío Roque nunca había revisado esos documentos, los guardó cuando los vecinos se los confiaron, pero con el paso de los años los abandonó al olvido al no tener noticias de sus dueños, muchos habrían fallecido ya, y sus descendentes seguro que no conocerían de su existencia. No sería él el que pusiese trabas a la llegada de nuevos vecinos al pueblo, que buena falta hacían.
Entre esos papeles había varias cartas que el abuelo de Raquel escribió al tío Roque desde Francia durante su exilio temporal.
Estimado amigo
Te escribo esperando que al recibo de esta os encontréis todos bien. Te podría contar las penurias que por aquí pasamos, pensábamos que en Francia nos tratarían bien, nos darían trabajo, podríamos ganar algún dinero que mandar a España para ayudar a la familia que allí dejamos, pero los franceses nos tienen encerrados en campos donde pasamos mucho frío y hambre, recelan de nosotros, y con la que se está liando con la guerra europea, creo que nos ven con una amenaza para su seguridad.
Pero como debes suponer no es mi suerte la que me preocupa, sino la de mi mujer, que como sabes está embarazada de unos meses, y la de mi hija. Me decías en tu carta que por el pueblo no hay movimientos extraños, y que los que se quedáis y estáis en mi situación salís a la calle y hacéis vida normal sin que nadie se meta con vosotros.
Algunos de los que llegaron al campo conmigo se han fugado, y creo que están por Toulousse y han encontrado trabajo en alguna fábrica, pero yo prefiero esperar y no complicarme más la vida, si las cosas están como me cuentas, cuando salga de aquí será para volver a casa. Estoy seguro de lo que me dices del cabo de la guardia civil del cuartel, que me manda recomendaciones de que vuelva, que nadie me va a incomodar, sé que siempre ha sido una bellísima persona, y ha ayudado a unos y otros por igual, y si se ha visto metido en algún fregao no ha sido por su voluntad.
Hasta entonces cuida de mi casa y mi familia, aunque sé que no hace falta que te lo diga, pues estarás pendiente de lo que puedan necesitar, y al igual que nos echábamos una mano con el ganado y en nuestras faenas, ahora seguirás haciéndolo con ellas.
Atentamente tu amigo que lo es Paco.
En otra carta le decía
Estimado Roque
Aunque ya te dije que era de mi interés volver cuanto antes a España, y sobre todo ante la noticia de que nació mi hijo pero que falleció a los pocos días, como sé que las condiciones allí no son buenas y nos cuentan que muchos españoles que han ido a Toulousse están consiguiendo trabajo y mandan dinero a sus familias, me he decidido a intentarlo y espero pasar allí unos años para ahorrar suficiente y que cuando vuelva podamos darle una vida decente a la hija que tenemos.
Le he escrito a mi mujer explicándoselo, espero que lo entienda, pero tú que estás por allí, razona con ella para que vea que mi intención es la mejor para el futuro de mi familia.
Otra cosa, comentarte que hay por aquí un muchacho que se llama Roque como tú y que al parecer conoció a tu hermana, me dice que llegó a Francia huyendo de tu cuñado, que por lo visto iba tras él porque formaba parte de un comité de resistencia de la capital, parece buena gente.
A ver si en la próxima te envío buenas nuevas de trabajo en Touluosse para que te sirvan para animar a mi mujer y mi hija.
Recibe un abrazo de tu fiel amigo Paco.