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Capítulo 5

Parte 4

Raquel no tiene muchos recuerdos de su padre, falleció cuando ella tenía unos seis años, lo que sí conserva son muchas fotografías hechas por él en blanco y negro, fotos de ella sola de bebé, muchísimas de diferentes momentos, en el baño, jugando en el parque, tirándose con el trineo por la nieve, con su padre, con su madre, con sus abuelos, en las fiestas del cole, de disfraces. Era muy aficionado a la fotografía, tenía un pequeño laboratorio en casa donde él mismo las revelaba, y sus álbumes de fotos son un relato detallado de toda su vida. Se llamaba Mario y era un hombre guapo y muy alto, al menos así lo recuerda ella.

La afición a la fotografía era su válvula de escape tras la rutina de su trabajo llevando la contabilidad de diferentes empresas. Podía haber dejado ese trabajo porque la librería les hubiese permitido llevar una vida cómoda, pero era un ingreso extra que no les venía mal. Falleció por las secuelas de un accidente con la moto cuando volvía del trabajo, tras varias operaciones había conseguido moverse con una cierta autonomía, incluso podía trabajar desde casa, pero tenía el hígado afectado por un derrame interno en el momento del accidente, le pusieron en lista para un trasplante, pero tras la operación sufrió una hemorragia interna y falleció.

Su abuelo paterno había sido funcionario de prisiones durante la segunda república, tenían en casa una espada que presidía el recibidor, el abuelo Mario estaba así siempre presente. Falleció por una neumonía a principio de los años treinta, le gustaba mucho escribir, y su padre conservaba un detallado diario de lo que había sido su vida, diario que Raquel había leído varias veces. En él hablaba de las condiciones en que se vivía en las cárceles en la segunda república, y relataba las historias de algunos de los presos. Las situaciones que se vivieron durante la guerra civil dentro de las cárceles debieron ir minando su carácter. Con el paso del tiempo sus escritos eran más escasos y el diario sufría importantes lagunas. Aunque siempre le dijeron que la causa del fallecimiento fue una enfermedad, como a su abuela no le gustaba hablar del tema, el padre de Raquel tenía la sospecha de que pudo sufrir alguna depuración tras la guerra civil, pero eso nunca podría saberlo.

El edificio donde viven Raquel y su madre está en plena Gran Vía, y la librería que regentan ocupa el bajo de ese edificio. De las pocas paredes que no están ocupadas por libros cuelga una pequeña selección de fotografías de su padre, y en una salita que hay en el sótano de la librería, en la que hacen las presentaciones de libros, realiza exposiciones de artistas nóveles para promocionar su trabajo.

En estas fechas hay una exposición fotográfica de Clara, una chica de Granada, pareja de una compañera de trabajo de Pedro, con la que pronto entablaron una buena amistad, son fotografías en tonos sepia, individuos que deambulan por calles con los fondos desenfocados, sólo sus perfiles aparecen nítidos; personas que aparecen congeladas en una ciudad que se difumina en una vorágine permanente. Clara es autodidacta en el mundo de la fotografía, las redes sociales le ayudan en la búsqueda de fotógrafos, y siempre que puede, contacta con ellos, busca cursos y encuentros donde aprender nuevas técnicas, se ha hecho una experta en la edición fotográfica, conoce todos los secretos, y cuando Raquel le enseñó los trabajos de revelado que había hecho su padre con un laboratorio fotográfico muy rudimentario quedó maravillada. Las fotografías de Clara se vendieron muy bien, eran los días previos a Navidad y regalar una de esas fotografías siempre sería una buena idea. Una pareja de muchachos jóvenes se llevó tres, acababan de comprar un piso en un edificio cercano, y esas tres fotografías eran el complemento perfecto para llenar de vida la sala de estar. De momento, la sala sólo estaba ocupada por un juego de sillas y una mesa, pero sentarse a contemplar esas fotos era un viaje a una historia concentrada en esas tres imágenes, y cada día podían imaginar en ellas historias diferentes, figuras nítidas en fondos difuminados permitían recrear personajes inéditos en infinidad de historias diferentes que atravesaban la ciudad, tal y como Clara quería expresar en su obra.